
Los contenidos audiovisuales son un tema complicado. Aunque
hay diferentes temáticas por lo regular recurrimos a ellos en búsqueda de entretenimiento.
Éste puede rozar entre lo socialmente aceptado, lo políticamente incorrecto e
incluso lo inmoral.
Y no, no hablo de contenido porno.
En ocasiones la libertad que gozan (gozamos) quiénes
producimos contenido puede llevarnos a límites desconocidos en dónde muchos se
cuestionan sobre si debería de existir algún límite permisible: temas tabú que
son mejor dejar en el baúl de lo intocable.
A priori mi respuesta es no porque por más que nos duela,
lastime u ofenda, debemos de premiar la libertad de expresión… aunque algunos
dicen que si promueve la violencia, la línea se transgrede.
Y en parte tienen razón.
Aunque son líneas muy
delgadas, y en muchas ocasiones es difícil distinguir entre parodia ofensiva e
incitación a la violencia pero premiar por la paz, sin transgredir la libertad, es
un elemento adecuado a considerar.
Pero luego vienen algunos que, argumentando que no promueven
la violencia sino solo la ilustran, presentan contenido que pudiese parecer lo
contrario. Alegando divulgación o incluso entretenimiento políticamente
incorrecto, se ciñen en la bandera de la libertad para defender su creación.
¿Es esto válido? ¿Hasta dónde podemos llegar?
El tema que da pie a esta reflexión no es nuevo aunque
desafortunadamente el contexto no pierde vigencia año tras año (la violencia de género). Se trata del videojuego RapeLay (2006) para PC.

¿Qué tiene de polémico? Que el objetivo es violar a tres
mujeres.
La historia: un prisionero sale de la cárcel y su móvil es
tomar venganza de la chica que lo llevó a prisión. Decide, por tanto, buscar y
abusar de la pequeña (que ahora es una señorita), su madre y su hermana de doce
años.
¿Aterrador, no?
Y es aquí donde entra la primicia de esta reflexión: ¿qué
tan libres podemos/debemos ser?
El videojuego puede ser visto desde dos aristas totalmente
diferentes.
Estarán quiénes le rechacen desde un primer momento por promover
la violencia, y más la de género (sumado al abuso de una menor), además de alegar que pudiese llegar a influenciar a los jugadores a disfrutarla
y, por qué no, provocarla.
Pero también estarán aquellos que defiendan el juego y
cuestionen que, un adulto maduro, en su sano juicio, jamás se dejaríainfluenciar por dicho tipo de contenido. Que sí, que es un tema polémico y
sensible, pero que por ello tiene una clasificación +18 y que no es más que un
contenido de entretenimiento a la par que una película bélica o de algún estilo
similar.
Obviando que, como te platico amable lector, la noticia es
vieja y se logró censurar el videojuego en algunos países la polémica no deja de ser interesante y digna de analizar.
¿Se debe permitir jugar (o ver) contenido así? ¿Tenemos que
coartar la libertad?
Y es que sí, el contenido incita violencia pero lo mismo se puede decir de videojuegos bélicos o FPS (juegos de disparo
en primera persona) dónde el tema central es golpear y asesinar. ¿O qué decimos
de las películas dónde la muerte es un elemento más de la escenografía?
Sí. La violencia de RapeLay va más allá de lo tradicional ¿?
–si es que algún tipo de violencia es normal– y referirla a un grupo específico
y vulnerable no es adecuado (aunque ha habido juegos sobre el Holocausto)
pero también podemos alegar a la conciencia de los espectadores.
Una cosa es ver la agresión –o disfrutar viéndola en una
simulación/actuación– y otra, muy diferente, es tener la inclinación de
generarla.
Hubo y habrá reacciones encontradas. El riesgo (leído con ironía) de vivir en una
sociedad democrática es precisamente que ella –debiera– estar abierta a
diferentes maneras de pensar y por ende ser
vulnerable a recibir cualquier tipo de contenido. Como lo trata tendría que ser responsabilidad y decisión personal.
Amable lector, le pregunta queda en el aire:
¿Tenemos que censurar lo
adecuado/inadecuado –lo que un consenso así lo cree– porque nos incomoda o porque
pensamos que puede “provocar” algo indeseado?
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